La simplicidad como manera de vivir nos ayuda a concentrar nuestros esfuerzos en lo esencial
en la vida y sirve como una práctica eficaz para aclarar muchas obstrucciones
que inhiben nuestra realización del
nembutsu, como la llamada sagrada de la fuerza vital.
La simplicidad como práctica budista elimina las
distracciones evitables en nuestra vida moderna del siglo XXI que compita para
nuestra atención y nos hunde debajo de los torrentes del estrés, de los apegos,
del miedo y del materialismo.
En su lugar, nos ordena mirar lo que es la verdad y importante para nuestro viaje espiritual tales como
nuestra familia, nembutsu, dharma, sangha y la Tierra. La vida sencilla nos ayuda
a ser despiertos, libres y abiertos, para cultivar con más profundidad las virtudes budistas de la humildad y de la gratitud.
Esto no significa que debemos vivir en cuevas o chozas sin electricidad y agua corriente. Al contrario, podemos vivir una
vida cómoda y equilibrada con todo pero no estamos controlados por los apegos ni aversiones tales como
aumento o pérdida, alabanza o culpa, fama o vergüenza y felicidad o desesperación.
La simplicidad de la vida nos impulsa para desear y poseer pocas cosas, apreciando más de
lo que tenemos y con lo que poseemos en servicio a otros. Cuando tenemos pocas distracciones en nuestras vidas entonces
podemos concentrar más en nuestro reino interno y vivir en verdad el Buda Dharma y manifestar el nembutsu-Namu-Amida-Butsu. En su base, la simplicidad es la práctica viva de la realidad tal y como
es.