El Buda dijo, «¡Bien dicho, Ananda! Su pregunta es excelente. Usted hizo esta pregunta
perspicaz que ha reunido la sabiduría profunda y la expresión verdadera que claramente se enfoca al bienestar de todos los
seres sensibles. En su compasión infinita, el Tathagata está lleno de misericordia para los seres de los Tres Reinos. Me aparezco
en este mundo sólo para exponer las enseñanzas del Camino a la Iluminación Suprema con el único propósito de salvar a las
multitudes de criaturas, bendiciéndolos con el dharma verdadero. Raro es ello para encontrar y contemplar a un Tathagata a
través de los millones innumerables de kalpas...»
---Kyogoshinsho I
Un citado del Gran Sutra de la Vida Inmensurable
Cuando
leo el Capítulo I del Kyogoshinsho, escrito por Shinran Shonin, su cita del Gran Sutra, capítulo 3 me llama la atención. Aquí, Shinran da énfasis en esta escena
porque ésta representa el principio histórico de la tradición de la Tierra Pura. Sin embargo, en un nivel más personal, esta
escena simbólicamente ilustra mi viaje al Camino de la Tierra Pura.
Como
Ananda, yo estudiaba el dharma durante más de una década, absorbiendo las enseñanzas y haciendo las prácticas con mucha devoción.
En consecuencia, yo manifestaba un estilo de vida más armónico y compasivo. Por otra parte, me sentía que la profundidad del
despertar era siempre deficiente y egocéntrica. Nunca realmente lo entendía; yo nunca tenía una realización psicosomática.
Igualmente, Ananda quién acompañó a Shakyamuni durante 25 años, todavía no la entendía tampoco. Pero un día, su disposición
kármica estaba lista y el Buda le habló lúcidamente. Resulta, Ananda vio al Buda más profundo, lleno de majestad, luz y eternidad,
que iluminó completamente su conocimiento y cuerpo. Yo, también, tenía una experiencia similar. Un día, después de muchos
años practicando y exponiendo a las enseñanzas de la Tierra Pura, el Buda me llamó desde las profundidades de mi corazón y
lo vi bien diferente, lleno de luz y vida inmensurable. Por primera vez, naturalmente escuché al dharma, que me habló con
palabras inconcebibles. Con mis ojos cerrados, el Buda me hizo escucharlo hondamente con el ser entero. Entonces, en un cierto
momento, cuando abrí mis ojos, una lágrima se cayó de mi ojo derecho y podría sólo y confiadamente enunciar, Namu-Amida-Butsu. En aquel momento, mi camino religioso fue encendido de nuevo con una confianza e inspiración
profunda. El viaje de mi vida religiosa volvió a comenzar.
--G.R. Lewis Bastías
Maestro
de la Asamblea de la Fe Budista
Traducción de Las Obras de G.R. Lewis Bastías