Esto
es lo que una mujer dictó a su hijo:
Cuando
pienso en ello,
Mi
corazón se acelera
Por
la alegría que me desborda.
Dado
que soy analfabeta, yo dicto
Y
mi hijo escribe
Tan
lleno de alegría como yo.
De
niña, solía acudir al templo budista,
Pero
escuchaba los sermones solamente
Sin
presentar mucha atención a s contenido.
Sin
embargo, posteriormente, llevada, por mi angustia interior,
Empecé
a visitar el templo de nuevo.
Se
necesita cierta ansiedad interior para la vida religiosa. Es un prerrequisito necesario que hace que uno aprecie y comprenda
el hecho religioso. Sin ansiedad interior alguna resulta inútil dedicarse a escuchar sermones, leer textos religiosos e intentar
extraer algo de ellos. Aquello que consigamos extraer será únicamente la cáscara superficial.
He
venido a descubrir que, cuanto más escucho,
Más
agradecida me siento a mi Oya-sama (Gran Padre y Madre)
Nunca
antes había experimentado una sensación así.
No
queriendo que mi suegra se enterase,
Cada
vez que yo iba a visitar el templo.
Me
escurría con siglo fuera de la casa.
Nadie
sabía adónde me dirigía.
Yo
pensada que era mediante mi poder propio
Que
el nembutsu se recitaba.
Pero
no era así, todo procedía del Otro-poder.
Como
dije antes, el Shin distingue entre poder-propio y Otro-poder. Poder-propio se corresponde con la noción cristiana de orgullo:
el Otro-poder se realiza a través de la humildad. Cuando el orgullo o poder-propio se ve aplastado, entones se ve uno humillado
y se hace humilde, y esta humildad conduce al Otro-poder. El Otro-poder es Oya-sama o Amida o Namu-Amida-Butsu. Así, en cualquier
contexto en que se mencione el poder-propio , éste se refiere al orgullo. Es esto lo que sugiere la exclamación de esta mujer:
«Pensé que todo sucedía debido a mi propio poder».
Todo
procede del poder de Oya-sama (Gran Padre y Madre). Esto es lo que distingue el Shin de la mayoría de las demás enseñanzas.
Cuando se abandona el poder-propio, cuando el orgullo se ve borrado, esto no sucede gracias a los esfuerzos o el poder de
un individuo. Sucede tod gracias al Otro-poder. Parece apropiado pensar que para ser realmente humildes, para sentir la humildad,
debemos librarnos del orgullo y hacer un esfuerzo por ser humildes. Aunque podamos pensar que esto lo hace el Otro-poder,
lo cierto es que nosotros seguimos esforzándonos por medio de nuestro poder-propio. El mismo hecho de pensar que este esfuerzo
procede del Otro-poder, esta misma consciencia, demuestra que en realidad seguimos en el poder-propio.
En
realidad, el Otro-poder llega de forma inesperada a nuestra mente sin que nos demos cuenta o tengamos consciencia de ello.
Cuando el Otro-poder llega realmente, toma posesión completamente. Uno puede preguntarse: «¿Qué no permite reconocer que ése
es verdaderamente el Otro-poder, si Este ocupa el campo complete de nuestra consciencia?». La respuesta es que nosotros no
somos siquiera conscientes del Otro-poder, puesto que el Otro-poder prevalece y nada queda excluido. Todo esto desafía cualquier
descripción lingüística.
El
Otro-poder está ahí y yo soy consciente de él y, con todo, ese Otro-poder se
identifica con toda mi consciencia. Yo estoy ahí igual. Yo soy yo. El Otro es otro. Y, con todo, hay consciencia que no puede
ser expresada. Cuando ésta es expresada, el resultado es absurdo. Por tanto, el Otro-poder de realizarse personalmente. Esta
mujer verdaderamente comprendía el Otro-poder. Ella continúa diciendo:
Lo
que yo creía que estaba siendo Otro-poder
No
era en realidad sino poder-propio.
Tratando
de evitar el sendero torcido
Y
buscando constantemente la Tierra Pura,
Todo
esto no era sino una muestra de poder-propio.
Aquí
hallamos la esencia de la experiencia religiosa. Mientras tratemos de evitar el mal y anhelemos la Tierra Pura, o nos preocupe
nuestro nacimiento en la Tierra Pura, o pensamos que debemos abandonar el poder-propio, seguimos en el reino del poder-propio.
Es por este motivo que los myokonin soslayan especialmente la distinción entre el bien y el mal. Ellos se encuentran en el
extreme opuesto del pensamiento moral.
La
vida religiosa va siempre más allá de las consideraciones morales. Esto no significa que la vida religiosa esté separada por
complete, tajantemente distinguida de la vida moral. Es cierto que la realización de la vida religiosa se obtiene trascendiendo
la vida moral Pero esto no niega la vida moral. De hecho, lo espiritual se halla presente en lo moral, pero la vida moral,
por sí misma no llega a alcanzar la dimensión religiosa o spiritual. Mientras tratemos de alcanzar lo espiritual mediante
la moralidad, estamos usando el poder-propio, y éste ha de ser purgado o eliminado. Peri atención, trata de librarse del poder-propio
es también poder-propio. Uno puede preguntarse entonces con desesperación: «Qué puedo hacer?» He aquí la verdadera cuestión,
y éste es un punto muerto que todos hemos que franquear.
---D.T. Suzuki
Extracto
del Buda de la Luz Infinita