Espiritualidad Budista Shin

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Consideremos ahora la figura del myokonin, palabra con la que se designa a ciertos seguidores de la enseñanza Shin, notables por su profunda intuición y devoción. Myo significa «maravilloso», ko es «fragancia» y nin es «persona. Por tanto, lo que el término sugiere es una persona que desprende una fragancia maravillosa de espíritu. E término myokinin se usa exclusivamente en budismo Shin y no se encuentra en ninguna otra tradición budista.

 

A los myokonin se los distingue por ciertas cualidades excepcionales. Por lo general, son bondadosos, con un gran corazón, algo soñadores, devotos y de escasa educación formal. No saben nada de erudiciones y carecen de la más mínima sofisticación. De modo aún más notable, no demuestran conocimiento o familiaridad alguna con la doctrina del budismo Shin. Si fueran más instruidos o sofisticados, sus expresiones no surgirían tan directamente del corazón. Dado que no son demasiado cultos, no están corrompidos por los asuntos mundanos. Su pensamiento surge de modo sincero y espontáneo, y esto se revela claramente en sus escritos. Aunque, normalmente, ellos no escriben mucho: en vez de escribir, actúan, y sus actos son a menudo dignos de destacar….

Esto es lo que una mujer dictó a su hijo:

 

Cuando pienso en ello,

Mi corazón se acelera

Por la alegría que me desborda.

Dado que soy analfabeta, yo dicto

Y mi hijo escribe

Tan lleno de alegría como yo.

 

De niña, solía acudir al templo budista,

Pero escuchaba los sermones solamente

Sin presentar mucha atención a s contenido.

Sin embargo, posteriormente, llevada, por mi angustia interior,

Empecé a visitar el templo de nuevo.

 

Se necesita cierta ansiedad interior para la vida religiosa. Es un prerrequisito necesario que hace que uno aprecie y comprenda el hecho religioso. Sin ansiedad interior alguna resulta inútil dedicarse a escuchar sermones, leer textos religiosos e intentar extraer algo de ellos. Aquello que consigamos extraer será únicamente la cáscara superficial.

 

He venido a descubrir que, cuanto más escucho,

Más agradecida me siento a mi Oya-sama (Gran Padre y Madre)

Nunca antes había experimentado una sensación así.

 

No queriendo que mi suegra se enterase,

Cada vez que yo iba a visitar el templo.

Me escurría con siglo fuera de la casa.

Nadie sabía adónde me dirigía.

Yo pensada que era mediante mi poder propio

Que el nembutsu se recitaba.

Pero no era así, todo procedía del Otro-poder.

 

 

Como dije antes, el Shin distingue entre poder-propio y Otro-poder. Poder-propio se corresponde con la noción cristiana de orgullo: el Otro-poder se realiza a través de la humildad. Cuando el orgullo o poder-propio se ve aplastado, entones se ve uno humillado y se hace humilde, y esta humildad conduce al Otro-poder. El Otro-poder es Oya-sama o Amida o Namu-Amida-Butsu. Así, en cualquier contexto en que se mencione el poder-propio , éste se refiere al orgullo. Es esto lo que sugiere la exclamación de esta mujer: «Pensé que todo sucedía debido a mi propio poder».

 

Todo procede del poder de Oya-sama (Gran Padre y Madre). Esto es lo que distingue el Shin de la mayoría de las demás enseñanzas. Cuando se abandona el poder-propio, cuando el orgullo se ve borrado, esto no sucede gracias a los esfuerzos o el poder de un individuo. Sucede tod gracias al Otro-poder. Parece apropiado pensar que para ser realmente humildes, para sentir la humildad, debemos librarnos del orgullo y hacer un esfuerzo por ser humildes. Aunque podamos pensar que esto lo hace el Otro-poder, lo cierto es que nosotros seguimos esforzándonos por medio de nuestro poder-propio. El mismo hecho de pensar que este esfuerzo procede del Otro-poder, esta misma consciencia, demuestra que en realidad seguimos en el poder-propio.

 

En realidad, el Otro-poder llega de forma inesperada a nuestra mente sin que nos demos cuenta o tengamos consciencia de ello. Cuando el Otro-poder llega realmente, toma posesión completamente. Uno puede preguntarse: «¿Qué no permite reconocer que ése es verdaderamente el Otro-poder, si Este ocupa el campo complete de nuestra consciencia?». La respuesta es que nosotros no somos siquiera conscientes del Otro-poder, puesto que el Otro-poder prevalece y nada queda excluido. Todo esto desafía cualquier descripción lingüística.

 

El Otro-poder está ahí y yo soy consciente  de él y, con todo, ese Otro-poder se identifica con toda mi consciencia. Yo estoy ahí igual. Yo soy yo. El Otro es otro. Y, con todo, hay consciencia que no puede ser expresada. Cuando ésta es expresada, el resultado es absurdo. Por tanto, el Otro-poder de realizarse personalmente. Esta mujer verdaderamente comprendía el Otro-poder. Ella continúa diciendo:

 

Lo que yo creía que estaba siendo Otro-poder

No era en realidad sino poder-propio.

Tratando de evitar el sendero torcido

Y buscando constantemente la Tierra Pura,

Todo esto no era sino una muestra de poder-propio.

 

 

Aquí hallamos la esencia de la experiencia religiosa. Mientras tratemos de evitar el mal y anhelemos la Tierra Pura, o nos preocupe nuestro nacimiento en la Tierra Pura, o pensamos que debemos abandonar el poder-propio, seguimos en el reino del poder-propio. Es por este motivo que los myokonin soslayan especialmente la distinción entre el bien y el mal. Ellos se encuentran en el extreme opuesto del pensamiento moral.

 

La vida religiosa va siempre más allá de las consideraciones morales. Esto no significa que la vida religiosa esté separada por complete, tajantemente distinguida de la vida moral. Es cierto que la realización de la vida religiosa se obtiene trascendiendo la vida moral Pero esto no niega la vida moral. De hecho, lo espiritual se halla presente en lo moral, pero la vida moral, por sí misma no llega a alcanzar la dimensión religiosa o spiritual. Mientras tratemos de alcanzar lo espiritual mediante la moralidad, estamos usando el poder-propio, y éste ha de ser purgado o eliminado. Peri atención, trata de librarse del poder-propio es también poder-propio. Uno puede preguntarse entonces con desesperación: «Qué puedo hacer?» He aquí la verdadera cuestión, y éste es un punto muerto que todos hemos que franquear.

 

                                                           ---D.T. Suzuki

                                                           Extracto del Buda de la Luz Infinita

Namu Amida Butsu